En este momento, en cartelera, tenemos a dos películas cuya base tiene algo en común: fantasía hecha realidad. Este tipo de películas siempre me hace recuerdo al comentario de mi amiga, que dijo: ‘Si Frodo pudo llevar el anillo único al monte del destino, yo puedo terminar mi tésis’. La referencia, por si acaso, es a ‘El señor de los anillos’, donde el personaje, Frodo, supera un sinnúmero de obstáculos para llevar un arma enemiga al único lugar donde podrá ser destruida. Recomiendo las películas a ojos cerrados. Puede parecer algo ingenuo; pero lo dicho por mi amiga, en verdad, es la más correcta aproximación a la fantasía.
Lean sus palabras con cuidado, ella no reclama por la ayuda de los elfos, o Sam, no lloriquea por su problema, enfrenta su realidad tal cual, y de la fantasía sólo toma el ejemplo de coraje. Bravo por ella, ah, y ya es licenciada, hace tiempo. Llevó a buen puerto su anillo particular.
Ya vengo escribiendo en el periódico por más de diez años, es obvio que no me queda otra que repetirme, y siempre digo que la gente subestima el rol de la narrativa en nuestras vidas. ¿Sabían que ahora la psicología utiliza la palabra ‘narrativa’ para hablar de cómo la gente ve su propia vida?, ¿sabían? Todos estamos metidos en una historia, la nuestra.
O sea, mi frase de siempre: escribimos historias como vemos la vida, no viceversa (que sería ver la vida como nos cuentan historias). Antes que la narrativa, estaba ahí nuestra estructura mental de ver la realidad como una historia, y los psicólogos se dieron cuenta, al igual que politólogos, y diversas áreas del mundo académico. Películas como “Cuentos que no son cuento”, me traen a mente todo el asunto de lo entremezclado que está el ser humano con sus fantasías; pero mejor no me voy a los detalles que, para algunos, es un tema delicado.
“Cuentos que no son cuento” es la más reciente entrega de la larga lista de películas hechas para Adam Sandler, que demostró gran creatividad en su recorrido por ‘Saturday Night Live’. Sus filmes, van desde el muy aceptable “Cantante de bodas”, hasta material tóxico como “Happy Gilmore” y otras similares. Siendo justos, Sandler también tiene una considerable cantidad de comedias aceptables. “Cuentos” es una de ellas.
La historia es, obviamente, fácil en estructura (chica linda, perdedor honesto, su competencia un malvado, etcétera), tiene varios chistes vulgares y tontos, los personajes son un par de niños, una lindura y Adam Sandler, más una sobreactuación de Guy Pearce (Pearce es excelente, así que esto debió ser lo que le pidieron que haga, también tiene que comer, ¡che!), o sea, en verdad, no hay personajes. Si alguien dice que esta película es una tontería de ésas que Hollywood escupe como si fuese ratita pariendo ratones, pues, tienen toda la razón. Y “Cuentos” también es, precisamente, la razón por la que Hollywood domina el mercado cinematográfico mundial mientras rebuznos menos dignos deben vivir de mendigar dinero al estado (o sea, el cine francés).
“Cuentos” también tiene momentos de ingenio, sigue sus propias reglas, y, cuando llega el momento adecuado, está dispuesto a romperlas, deja suficientes sorpresas para crear expectativa y juega hábilmente con sus propias posibilidades. ¿Qué quiero decir con esto? Que tiene suficientes buenos momentos como para que valga la pena, que te hace reír un poco, pensar un poco, y te relaja lo suficiente, te distrae y divierte. Le falta mucho para ser una buena película, no es una producción memorable, muy pocas lo son, esto no quiere decir que carezca de valor lúdico. (La otra película con una base similar, encuentros de realidad y fantasía, es “Corazón de tinta” con Brendan Frazer, parece tener más acción, aventura, tal vez hasta personajes, más no conozco.) Un interesante detalle más de “Cuentos” es que su moraleja es buena, la que se relaciona con el título de esta nota. (6 a 1, ¡increíble!).